JULIO PERIS BRELL, EL LUMINISTA VALENCIANO.
APUNTES DEL NATURAL
Textos: Lola Soto Vicario
Para Julio Llamazares escribir (como pintar, añadiríamos nosotros) es “elegir la palabra adecuada, extraer la máxima expresividad del lenguaje, trabajar para conseguir la mayor belleza. Cualquiera puede escribir, pero hacerlo bien es muy difícil, porque hay que conseguir la música de las palabras para que emborrachen al lector y lo arrastren a un mundo distinto.” (1)
Lograr la música de la pincelada, fascinar al espectador para que se sumerja plenamente en el océano de la pintura tampoco es tarea fácil, y a ello han llegado tan sólo los más grandes. Uno de ellos, injustamente olvidado de los museos y exposiciones actuales por robarle el protagonismo otros más reconocidos, fue el pintor Julio Peris Brell (Valencia, 1866 – 1944). De él existen estudios, varios catálogos y una tesis doctoral que lo encasilla en el impresionismo español. (2)
A partir de la revisión de artículos en prensa y catálogos para conocer el estado de la cuestión, pensamos que por nuestra parte podíamos aportar una profundización y conclusiones originadas a partir de cuestiones básicamente plásticas, que fundamenten el valor de la obra de este artista a través de un estudio de las claves de su pintura. El análisis estilístico de un conjunto representativo de sus obras de paisaje según nuestra mirada de pintores puede poner en relieve los logros de este pintor, y situarlo de nuevo en el lugar destacado que merece dentro del panorama de la edad dorada de la pintura valenciana, que fue el fin de siglo y el primer tercio del XX.
Sabemos que Peris Brell fue seguidor fiel del luminismo de Sorolla, y que llegó a frecuentar su estudio en Madrid, absorbiendo casi todo del maestro y personalizándolo después a su manera: el interés y la práctica continuada del plenairismo, la voluntad de basar su pintura en la mancha y el grafismo pictórico como vehículos esenciales de expresión, o la claridad del color y el contraste lumínico, como veremos después en los comentarios de la selección de obras.
Como muy breves pinceladas biográficas, ya que es materia de fácil acceso, diremos que Peris Brell fue un pintor formado académicamente en la Escuela de Bellas Artes de Valencia, y que se relacionó estrechamente con el círculo artístico y literario de su tiempo, con Pinazo, con los Baroja, con Ricardo Verde, Agrasot, o los Benlliure, tomando parte en numerosas exposiciones y actividades de la vida cultural y artística valenciana, como el Círculo de Bellas Artes, el Ateneo Científico, Literario y Artístico, la sala Imperium, la revista Letras y Figuras, o la Real Academia de Bellas Artes de San Carlos, que lo eligió académico de número en 1928.
El pintor y académico Julio Peris Brell
De Peris Brell nos interesan especialmente sus paisajes puros, sin figuras, sobre todo los realizados a modo de apuntes y estudios en pequeño formato, vistos por nuestra parte en museos valencianos, como el San Pío V o el Museo de la Ciudad, y en otras muestras. Amante de la sencillez cotidiana, se explaya en ellos pintando la Valencia más popular, para lo que despliega todo su conocimiento y su buen hacer como pintor. El contacto directo con la realidad al natural, con el paisaje abierto de la huerta, con el mar luminoso, los jardines locales, la costa y sus pueblos pequeños, la ciudad palpitante en fiestas o el ocio finisecular en la playa le ofrecen el pretexto temático para para darnos una lección magistral de cómo afrontar pictóricamente y con muy escasos medios entornos muy particulares y afectivos. En ellos predominan la luz blanca y cambiante y el aire ligero, los momentos efímeros, el movimiento de las formas naturales o el discurrir fugaz de la vida y de las gentes mediterráneas; todo ello viene representado mediante el gesto pictórico más puro y un brillante manejo del color.
Para nuestros comentarios a nivel plástico, hemos elegido un grupo significativo de obras que, a nuestro modo de ver, mejor ilustran y resumen las contribuciones artísticas de Peris Brell. Trataremos a continuación de ofrecer nuestra visión de cada una de ellas, ateniéndonos básicamente a los recursos más frecuentados en su pintura. Un análisis formal es la esencia básica que representa las intenciones del pintor y que condiciona el mensaje que recibe el espectador al contemplar la obra de arte. La imagen plástica en sí es lo importante, cómo está pintado aquello; de esta manera, el tema en el cuadro resulta siempre secundario.
Por otro lado, diremos que el soporte empleado en estos cuadros es en general óleo sobre tabla o tela, y los formatos son medianos o pequeños, que son los que se adecúan al manejo más cómodo por parte del pintor al trabajar los motivos in situ.
ÁNÁLISIS PLÁSTICO DE OBRAS DE PAISAJE
Julio Peris Brell. “Las Rotas. Valencia” (fragmento). Sin fecha
En este pequeño apunte destacamos las pinceladas amplias, gestuales, aplicadas en ritmos lineales de diferentes direcciones y de forma yuxtapuesta, que recogen toda la sensualidad y el movimiento ondulado del elemento marino captado del natural, en la misma orilla, evocando su transparencia y generando una superficie pintada palpitante y llena de vida. El pintor hace uso de una limitada gama de limpias tonalidades de ultramar y malvas, insertando notas cálidas de anaranjados que aportan una vibración cromática de complementarios, siempre dentro de la moderación. La claridad de la paleta y las escasas mezclas con otros tonos crean un conjunto de gran simplicidad y contraste, marcándose el azul más profundo del mar alejado y en sombra orlado de fragmentos de máxima claridad.
El horizonte ubicado en un punto elevado de la composición otorga todo el protagonismo a la zona inferior del agua, donde el artista ha desplegado sus pinceladas más expresivas, muy cercanas al tratamiento que Sorolla utiliza en sus apuntes de playa. La luz es un factor primordial en este apunte, es luz estética, manejada, manipulada por el pintor, un medio de expresión que emplea para generar una atmósfera, particular, el ambiente del paisaje. En este caso, se trata probablemente de un estudio de luz de tarde, con abundantes transiciones entre la claridad máxima y el oscuro más pronunciado localizado en la franja más lejana de mar.
Julio Peris Brell. “Barracas de playa”. 1918
Aquí Peris Brell ha pintado con gran rapidez sobre una tabla preparada con apenas imprimación, pues el óleo, muy transparente y diluido en algunas zonas, permite ver las vetas de la madera del soporte que actúa como parte de ese fondo y aporta un tono cálido al conjunto. Vemos en esta tabla muchos de los recursos gráfico-pictóricos de Pinazo; el inacabamiento como propósito primordial, el signo y la mancha resueltos escuetamente, completamente libres y sin contorno, las pinceladas superpuestas, macladas unas con otras, el desenfado pintando que no busca nunca la copia sino la sutil sugerencia, el captar lo efímero, un momento de sol en la playa, así como los blancos calcinados y un conglomerado de formas desechas por el trazo abstracto de la pincelada que dibuja desdibujando, que pinta quitando materia en lugar de sobrecargar con lo innecesario. Todo está acertadamente expresado, en su justa medida, las gamas cromáticas atenuadas, las áreas más cargadas de elementos equilibradas con las zonas vacías. Probablemente el pintor ha empleado algún tipo de medio para diluir el óleo y hacerlo más fluido, como si deseara lograr la inmediatez y transparencia ligera de la acuarela utilizando un medio graso, al igual que lo hiciera Pinazo.
Ignacio Pinazo. “Apunte de playa”. 1880
Julio Peris Brell. “Barracas de playa”. 1918
El pintor emplea en esta pequeña tabla el blanco más blanco, y supeditado a él, todos los demás colores aparecen rebajados de saturación, pues la claridad cegadora que desea plasmar lo puede todo y traspasa objetos y figuras, agrisándolos. Así, el valor de claridad en esta obra y en muchas otras de este pintor es muy alto. De nuevo, el gesto pictórico aparece aplicado con una gruesa carga de óleo para representar la vida en la playa calcinada por la luz, los grupos de casetas y figuras que forman un conjunto de pintura absolutamente viva que bulle en el último plano; todo lo demás es arena y luz del cielo de tonos blanquecinos. Son manchas breves de óleo muy empastado, el óleo que está vivo, funciona expresivamente por sí mismo y le sirve al pintor para representar el movimiento de formas vivas conectadas entre sí. Brell le pierde el respeto a la forma pintada de una manera muy bella, y la deja suelta, a su aire, intuyendo lo fugaz con el pincel, tanteando, poniendo y quitando, pero más quitando, resumiendo con el pincel y eligiendo siempre lo esencial, lo que mejor representa el aire, lo ligero, las gentes al sol y las casetas contra un cielo de un azul muy ingenuo. La vida parece discurrir fácilmente en esta imagen, la vida despreocupada del ocio mediterráneo visto a través de colores claros y nada saturados, con mirada selectiva, y unas sombras azules en primer plano que quizás designen
la presencia-ausencia del medio marino. Peris Brell lo recoge todo en su tablilla con emoción y sentir sinceros.
Julio Peris Brell. “Paisaje de Alfambra”. 1926
La pintura se ha aplicado en este pequeño estudio costumbrista a muy grosso modo, sobre un soporte de madera que aparece vista, que se ha dejado deliberadamente descubierta en algunas zonas para formar parte del color de fondo, y que probablemente el paso del tiempo le ha cambiado el tono y lo ha oscurecido. Resulta muy atractiva esa tonalidad general del conjunto, aprovechando la calidez de la tabla, y el pintor ha manchado libremente las áreas más claras con ese siena tostada que domina todo el cuadro y que contrasta abiertamente con el azul más saturado de la zona del cielo. Una combinación muy acertada, complementada con toques breves más puros de azul, anaranjado y verde que vivifican la imagen y logran acentos dentro de la unidad tonal deseada. La inmediatez del trazo muy marcado, la ausencia de un estudio de la perspectiva en la construcción de la arquitectura intuyendo las formas más que describiéndolas, y las notas aisladas de color sintetizan el instante rápido, fugaz, de ese preciso instante de la vida,
bajo una luz radiante y cambiante que proviene del lateral de la imagen y que se desea apresar.
Julio Peris Brell. “Jávea”. 1927
Este cuadro tiene ya un formato mediano de 50x60 cm. y la factura pictórica no es la misma. Hay mayor elaboración de los detalles de las formas naturales pintadas, aunque la construcción de las arboledas del plano medio se haya realizado a base de amplias masas de color fuertemente contrastadas, con oscuros muy intensos junto a claridades máximas, que evocan un lugar sombreado en primer plano y que dejan entrever parcialmente un fondo de paisaje de mar inundado de luz. Resulta especialmente atractiva la manera de resolver la forma de las robustas arboledas, sin apenas detalle, yendo a la esencia, con formas rotundas y compactas expresadas con las pinceladas justas, pero sin ser tan abstracto pintando como lo es Sorolla en ocasiones. Acierta plenamente al emplear unas soluciones cromáticas sobrias, un claroscuro acusado que crea espacialidad y diferentes términos en la composición. Los elementos del último plano aparecen esbozados con trazos muy rápidos, mediante manchas sin definición que también contrastan con las formas más definidas del plano más adelantado. Resulta un paisaje de gran armonía cromática, siempre dentro de la moderación y la mesura con la que Peris Brell suele expresarse al pintar, y es vinculable al plenairismo francés de la escuela de Barbizon,
que probablemente debió conocer a través de la pintura de Sorolla o Pinazo.
Julio Peris Brell. “Mercado”. 1922
Este reducido formato pintado sobre tela evoca una imagen instantánea tomada con toda seguridad del natural por la factura tan suelta y la resolución de figuras y objetos, empleando manchas y toques de color muy empastados, muy gestuales y audaces, deshaciendo completamente las formas que aparecen con un aparente desorden perfectamente ordenado en su composición: vemos que hay manchas de más prominentes en primer plano y otras más escuetas y dispersas en el fondo. Advertimos un vocabulario de pinceladas una riqueza expresiva evidente, con trazos muy variados, largos, cortos, alargados, en forma de puntos o grafismos frotados con el pincel casi seco, y cada uno de ellos nos sugiere una naturaleza distinta, una pulsión particular, las diferentes posturas y actitudes de la muchedumbre esquematizada y en movimiento. La pintura nos sugiere todas esas sensaciones vistas y vividas en un día de mercado, y crea una superficie pictórica visualmente muy animada y llena de actividad, muy cercana a las soluciones de Pinazo, aunque éste incida más en el aspecto gráfico y en las líneas que dibuja finamente con el pincel.
Ignacio Pinazo. “Mascletá”. 1872
Julio Peris Brell. “Paisaje de Artana”. 1933
La dicción abierta que utiliza Peris Brell en sus apuntes de naturaleza queda reflejada en este atractivo estudio de paisaje. Este es un pintor que, como su maestro Sorolla, probablemente admiró a los paisajistas franceses e ingleses del XIX, con su pintura de factura suelta y estilo abocetado. Peris Brell suele elegir motivos muy modestos de su entorno afectivo para sus apuntes; aquí el árbol en flor ocupa la mayor parte del formato y la masa de floresta y las formas de los matorrales del plano posterior se confunden en una solución pictórica a base de pinceladas yuxtapuestas, de diferente intención, sin someterlas a ningún contorno ni a ningún tipo de dibujo previo. Las tonalidades moderadas de tierras, grises y verdosos con algunos matices se aúnan para generar una unidad tonal, principio básico de la pintura plenairista francesa de autores como Corot. El estudio particular del comportamiento de la luz a base del uso de una escala de valores medios genera un conjunto moderado, sin dramatismo, que nos lleva a sensaciones de intimismo y recogimiento, con un esquema compositivo de ritmos simples que presentan el árbol como motivo central, con la importancia que podría tener una figura o un retrato. La línea ha perdido su entidad como tal en esta obra y no es un límite que contiene a los objetos, sino que es la mancha libre la que genera la forma más o menos subrayada y la funde con el espacio circundante o con otras formas.
Jean-Baptiste Camille Corot. “Robles en Fontainebleau”. Hacia 1832
Julio Peris Brell. “La escuraeta”. 1921
La solución compositiva de esta obra llama la atención por su audacia: el pintor ha situado dos grupos de elementos en ambos ángulos inferior izquierdo y superior derecho del formato, y deja deliberadamente un vacío central muy expresivo: el plano de suelo de la calle iluminada en parte por el sol. El contraste que produce la escala de valores de luz intermedios-altos empleados, con una franja horizontal de luz máxima ubicada en la zona superior y áreas de negro dispersas resulta de una gran rotundidad visual. El punto de vista elegido sitúa el supuesto horizonte en un punto muy elevado de la imagen, y toda la atención recae en el plano de tierra, el espacio central vacío y en sombra que, al parecer, es lo que se desea enfatizar: la escena de mercado con el puesto, la calle vacía en medio, con el elemento “mesa” surgiendo en sombra desde la izquierda y el grupo de figuras que se concentran en el fondo parcialmente iluminadas.
Por otra parte, se trata de un apunte muy rico en valores de luz, lo que organiza perfectamente el sistema de claroscuro, el contraste que nos permite percibir la sensación de profundidad espacial de la escena, el campo visual. En la resolución de las formas, no se perciben aristas muy definidas, sino que funcionas como manchas totalmente abiertas que se funden con los últimos términos; así los contornos "huyen" hacia el fondo de la escena, en un tratamiento expresivamente atmosférico.
Julio Peris Brell. “Paisaje”. 1918
En nuestra opinión, este es uno de los paisajes más atractivos de Peris Brell por su sobriedad cromática, por la abstracción que ha logrado en la síntesis formal de los elementos del paisaje, por la riqueza en el tratamiento de la pincelada y el saber hacer pintando, que suprime y sacrifica detalles superfluos para concentrarse en lo que pictóricamente resulta más interesante para el pintor. Las texturas de la generosa capa de óleo crean una gran sensualidad en el conjunto, la madera vista de la tabla, la impresión terrosa, la unidad tonal, las manchas grumosas de óleo, el azul cobalto agrisado junto a los sienas tostados en perfecta armonía nos llevan a sensaciones sosegadas, atemperadas, de un momento de apagamiento del día, de penumbra, de mayor recogimiento
del paisaje, de una lejanía de tierras y arboledas azuladas hecha pintura verdadera. Los tonos de esta obra tienen valores de luminosidad muy parecidos, es escasa en valores de luz, lo que incide también en la serenidad del conjunto, que en este caso no tiene apenas contraste.
Prácticamente no reconocemos el motivo pintado, se trata de un lugar anónimo, y lo que realmente importa es la factura increíblemente ejecutada, la maestría al simplificar las formas naturales en manchas aplicadas airosamente con la espátula, tratadas como pintura en sí misma, sin detalles, sin apenas descripción, tan sólo evocando,
sugiriendo, plasmando una emoción hacia la tierra propia y estimada.
Julio Peris Brell. “Barcas en la Albufera”. Hacia 1940
Este es un ejemplo de paisaje de formato algo mayor resuelto con una ejecución más acabada, donde el contraste lumínico y la limpieza y la luminosidad del color son lo más destacado. El ambiente diáfano mediterráneo, la luz blanquecina, radiante, que incide directamente en las velas y las fachadas constituyen el motivo principal. Se trata de una obra más tardía, y hallamos en ella quizás una mayor descripción formal que no la hace tan brillante de dicción como otras anteriores. Los amplios planos de color y la pincelada grande y enérgica le acercan a su maestro Sorolla, con algunos toques más breves en primer plano algo más “efectistas”, aunque no le restamos en absoluto valor por la majestuosidad del conjunto, el gran poder visual del contraste mediante una escala de valores lumínicos muy abundantes que crean espacialidad en la escena, la síntesis mediante algunos planos cromáticos más sobrios y el marcado dibujo de las formas. El paisaje se ha construido con ritmos de período simple tensos y laxos en las siluetas de las barcas o las arquitecturas, que generan en general quietud y reposo. Se trata de un paisaje característicamente levantino que, por su cromatismo moderado y por la composición a partir de masas bien diferenciadas distribuidas armoniosamente, se percibe con una impresión evidente de equilibrio básicamente estático y una unidad de conjunto coherente con el estilo y el sentir del pintor.
Julio Peris Brell. “Paisaje de Valencia”. 1927
Elegimos este pequeño estudio de un rincón de huerta con arquitectura como ejemplo del uso del blanco casi puro y las tintas medias localizadas a su alrededor, así como las transparencias de óleo muy diluido que logran un resultado acuarelado muy ligero, y que de nuevo aprovecha la veta de la madera de la tabla como parte del color tierra del fondo del cuadro. Este tipo de recurso resultaba muy frecuente en la época en la pintura levantina, lo vemos a menudo en tablillas de Pinazo, en Sorolla, Cecilio Pla y en otros muchos pintores de este tiempo, ese inacabamiento que le da tanta frescura y espontaneidad al conjunto. Las sombras arrojadas se han resuelto de manera muy libre, a base de manchas y zonas de la tabla al descubierto, sin pretender un estudio descriptivo, sino tan sólo evocar con el trazo y la pincelada unos cuántos rasgos pictóricamente más expresivos que resaltan las calidades texturales de la madera en contraste con el óleo.
Julio Peris Brell. “Barcas”. 1926
Finalmente, elegimos este soberbio estudio de barcas captado in situ por el pintor, que es una demostración de su maestría para resumir con acierto y elegancia las formas y el color del ambiente. Una escena donde nada sobresale, donde todo queda supeditado a un tono general basado en azulados, sombras muy atenuados y de nuevo grises varios, y donde el blanco no es blanco puro, sino que adopta la calidez de los tonos de alrededor. Todo ello unifica el ambiente de la escena en términos de armonía y luminosidad más contenidas, menos explícitas que en otros apuntes de mar. El óleo se ha aplicado sobre la tela con una densidad media, con poca textura, con la fluidez que le proporciona el uso de un medio para pintar o barniz que logra el efecto acuarelado deseado en la zona que corresponde a la arena.
Hallamos diferentes intenciones de pincel, según la distinta naturaleza de lo que se pinta: áreas más lisas, superficies pintadas visualmente más rugosas con el óleo más denso, frotado y sin diluyente, zonas directamente sin pintura que dejan visto el grano de la tela y escuetos empastes en las zonas de luz máxima. Todo un extenso repertorio de atractivos registros pictóricos que embelesan el ojo del espectador y lo conducen a lo largo de la superficie pintada mediante amplios ritmos lineales de diferente intención y dirección. El amplio espacio vacío de primer plano equilibra la imagen, más recargada de elementos en su mitad superior, y sirve para que el cuadro respire por esta zona y las masas compositivas estén compensadas. El contraluz mediante el que se ha presentado el elemento "barca" más prominente hace resaltar las cualidades de su contorno de forma rotunda,
bajo una iluminación directa que proviene del fondo del cuadro.
En definitiva, podemos decir que Peris Brell fue una figura muy valorable dentro del naturalismo luminista valenciano del primer tercio del siglo XX, y que sus contribuciones deben enjuiciarse siempre desde dentro de la pintura, conociendo a fondo los recursos con los que se expresó y sacando conclusiones únicamente a partir de ellos. Rodeado de grandes maestros, conoció, asimiló y puso en práctica los planteamientos más modernos de su tiempo en materia de pintura de paisaje y que inicialmente venían de Francia.
Abordó su visión más sensual del entorno cercano de manera sincera y emotiva y para el disfrute del ojo, con el natural como guía maestra permanente y las escenas valencianas de costumbres como motivación afectiva predilecta. No fue un gran colorista, pues la pintura levantina de paisaje del natural no lo es, por la peculiaridad de la luz brumosa del mar, que agrisa los colores en las lejanías. Fue maestro en la representación pictórica de la luz como recurso visual moderno, una luz estética a menudo manipulada por el pintor con intenciones expresivas, como hemos visto en el análisis de las obras.
Perteneciente a la generación de pintores posteriores a Sorolla, fue continuador de sus logros con méritos propios, formando parte del grupo de los más notables artistas levantinos, aunque su reconocimiento no sea el más justo, ni su obra demasiado exhibida en exposiciones y museos.
“(…) Lo que en Valencia existe es el aire. El aire da tono a todo lo valenciano. El aire da vida a los grises, hace resaltar los montes desnudos, nos permite ver en la lejanía remota minutísimos pormenores y presta, finalmente, ligereza a la figura humana. (…)”
Azorín (3)
NOTAS
1. Cita extraída de: Julio Llamazares: «Igual que existe comida basura, hay literatura basura». Diario La Razón digital. Cultura. Entrevista por Javier Ors. 26.04.2023. Obtenido de: https://www.larazon.es/cultura/julio-llamazares-igual-que-existe-comida-basura-hay-literatura-basura_202304266448078e73ab380001de67d7.html
2. Según nuestros conocimientos, el movimiento impresionista estaba basado en el trabajo pictórico realizado y acabado íntegramente au plein air, sin bocetos previos, y el objetivo principal de los pintores fue ofrecer la sensación visual en su inmediatez más absoluta, con una técnica rápida poco trabajada y la mancha sin contorno como vehículo de expresión. Esto, junto con la temática de paisaje de costumbres de la época, es probablemente lo único que conecta a Julio Peris Brell con el Impresionismo. Sin embargo, las diferencias entre ambos son sustanciales: al igual que Sorolla, este pintor hace uso del blanco y del negro en su paleta, es decir, del contraste a través de los distintos valores lumínicos, algo que los impresionistas omiten. Tampoco observamos en él las breves pinceladas de dos colores puros yuxtapuestos aplicados con poca capa, que vistos en la distancia dan lugar a un tercer color, que es la base científica de los franceses que seguían los postulados de Chevreul. La superficie pintada impresionista resulta vibrante en su totalidad, los colores vienen aplicados en pequeñas manchas/trazos, que se perciben como pasados por un fino tamiz, esa es la percepción al ser observados desde lejos, como vemos claramente en las obras de Monet o Renoir. Tanto Peris Brell como Sorolla y muchos otros de su tiempo estarán más interesados en el comportamiento de la luz como fenómeno visible a reflejar en la pintura, es el Luminismo mediterráneo lo que realmente conecta a estos dos artistas. Es el interés profundo por aprehender el dinamismo de lo fugaz bajo el sol del Levante que hace los colores más blanquecinos, con las luces y las sombras plasmadas sin efectismos, el uso de manchas en general muy amplias ejecutadas muy directamente y generosos empastes aplicados en grandes planos. Junto a todo ello, el estudio profundo en el cuadro de los diferentes niveles de oscuridad o claridad, la mayor o menor iluminación en diferentes gradientes en el campo visual o el campo pictórico-gráfico. Así, la manera particular de manejar el contraste determina la personalidad del artista, por ejemplo en Sorolla o en el caso de Peris Brell.
3. Véase AZORÍN: Obras selectas. Biblioteca Nueva. Madrid, 1982. Pág. 802.
OTRAS OBRAS DE JULIO PERIS BRELL
Julio Peris Brell. “Altea”. 1927
Julio Peris Brell. “Barraca valenciana”. 1925
Julio Peris Brell. “Calle de Altea”. 1926
Julio Peris Brell. “Cebollera de Pinedo”. Sin fecha
Julio Peris Brell. “El Turia en otoño”. 1921
Julio Peris Brell. “Festividad de la Virgen”. 1913
Julio Peris Brell. “Plaza de la Virgen”. 1921
Julio Peris Brell. “Gigantes del Corpus”. 1913
Julio Peris Brell. “Paisaje”. Hacia 1920
Julio Peris Brell. “Alfambra”. 1926
Julio Peris Brell. “Alfambra”. 1926
Julio Peris Brell. “Paisaje”. 1944
Julio Peris Brell. “Barraca”. Sin fecha
Julio Peris Brell. “Paisaje”. Sin fecha
Julio Peris Brell. “Paisaje”. 1919
Julio Peris Brell. “La cruz cubierta”. 1921
Julio Peris Brell. “Vista del cauce del Turia”. 1933
Julio Peris Brell. “Paisaje de Valencia”. 1923
Julio Peris Brell. “Paisaje”. 1920
Julio Peris Brell. “Jávea”. 1926
Julio Peris Brell. “Paisaje en la Malvarrosa”. 1919
Julio Peris Brell. “Paisaje”. 1927?
Julio Peris Brell. “Playa”. 1926
Julio Peris Brell. “Plaza de la Virgen. Casa Vestuario”. 1940
Julio Peris Brell. “Plaza de la Virgen. Domingo de Ramos”. 1940
Julio Peris Brell. “San Pio V desde el estudio”. Sin fecha
BIBLIOGRAFÍA CONSULTADA:
AZORÍN: Obras selectas. Madrid, 1982.
Julio Llamazares: «Igual que existe comida basura, hay literatura basura». La Razón digital. Cultura. Javier Ors. 26.04.2023. Obtenido de: https://www.larazon.es/cultura/julio-llamazares-igual-que-existe-comida-basura-hay-literatura-basura_202304266448078e73ab380001de67d7.html
WEBSITES CONSULTADAS:
https://pintorescatalanes.blogspot.com/2012/12/julio-peris-brell.html
https://www.subastasdarley.com/es
https://museobellasartesvalencia.gva.es/es
Las imágenes que ilustran el texto de este estudio han sido tomadas de las websites referenciadas anteriormente.
Las conclusiones de este estudio están basadas en la observación directa previa de la obra de Julio Peris Brell por parte de la autora en diferentes museos y exposiciones. En ciertos títulos de las obras, se incluye la nota "Sin fecha", al no disponer la autora de ese dato.
Lola Soto Vicario es artista y Doctora en Bellas Artes por la Facultad de Bellas Artes de San Carlos de Valencia (Universidad Politécnica de Valencia).
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